Y cómo seguir luchando cuando la vida se ha empeñado en destruir tus ilusiones y relegar la felicidad a premios consuelo que de poco o nada sirven. Ayer me di de la cara, una vez más, con la realidad. Es imposible seguir soñando, es imposible seguir creyendo cuando es cada vez más claro que esperar con tantas ansias resulta ser nocivo... Es que yo sólo quería sonreír una noche, como tan pocas, como hace tanto... pero es que ya no alcanzo, a un paso caigo... y es tan triste porque más que nadie sé que lo merezco, nada más un momento, muy pequeño... y no lo tengo.
¿Qué fue lo que salió mal?, esto no estaba en el libreto, se ha quedado vagando otra vez la escena de final feliz, se me ha quedado en la punta de la lengua el “lo hice”, y aunque esta vez no se le haya sumado el “muy tarde”, una vez más me he quedado con el sinsabor del que pierde habiendo luchado y estando a un paso de ganar, y no se conforma con el “casi”, ni con el “luchaste hasta el final” y menos aún con el “ya lo lograrás”.
Es tan difícil de aceptar como es que lo que debió sacarme del fondo me hundió más, aunque este clara la razón, es absurdo ya pelear estando desvalido, en vano es ocultar la flaqueza cuando la derrota y la desesperanza te han tatuado en el alma los dolores... y en la frente, sus nombres.
No necesito palabras de aliento, yo sólo necesito un momento.
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